Me acuerdo de haber leído en alguna parte, y creo que, para variar, fue por tirada de Cortázar, que el mayor estado de inspiración para escribir, viene cuando se está enamorado.
Recuerdo, después de leer el párrafo, haber mirado al cielo y sentirme comprendida por el cosmos y por el más allá, y aproveché de pedir un enamorado para cambiar la condición de “mujer solitaria” durante el verano, que por lo demás, no es algo nuevo en mí.
Y me llegó el amor.
Y no precisamente en bandeja, ni tampoco con un apellido despampanante, (como alguna gente lo exige, por poco, en el currículum, pobres), y bueno, digámoslo también, menos con un nombre medianamente potable. (Se llamaba Robinsson. Sí. Con doble s.)
Me enamoré de un enamorado de la tierra, del olor de la naturaleza, del volcán despierto, del lago calmo.
Recuerdo, después de leer el párrafo, haber mirado al cielo y sentirme comprendida por el cosmos y por el más allá, y aproveché de pedir un enamorado para cambiar la condición de “mujer solitaria” durante el verano, que por lo demás, no es algo nuevo en mí.
Y me llegó el amor.
Y no precisamente en bandeja, ni tampoco con un apellido despampanante, (como alguna gente lo exige, por poco, en el currículum, pobres), y bueno, digámoslo también, menos con un nombre medianamente potable. (Se llamaba Robinsson. Sí. Con doble s.)
Me enamoré de un enamorado de la tierra, del olor de la naturaleza, del volcán despierto, del lago calmo.
(En verdad era sólo un guía de turismo del Hotel Termas Puyehue)
Y fue lo peor que pudo haberme pasado para mi tierno sueño de ser escritora.
No podía dejar de escribir disparates y estupideces.
Cada noche me acostaba con los dedos ansiosos por garabatear algo romántico, alguna carta para dejarle en su chaqueta de montar, o una declaración de amor al más puro estilo Sin Bandera, y me harté de sentirme tan cursi.
Fue como una revelación.
Estaba en mi pieza, escuchando seguramente algo así como “Día De Enero”, de Shakira, cuando desperté del ensimismamiento de un golpe, y me vi frente a mi buen amigo Microsoft Word escribiendo cosas como, and I enclose:
“Yo soy así.
Un poco solitaria a veces, sólo a veces.
Me gusta mirar desde lejos las montañas, el mar, el agua.
Me acerca a mi infancia.
El olor a pasto recién cortado me trae recuerdos de tiempos pasados...
Y me acerca a la tierra... a MI tierra.
Sí.
Mi tierra.
El olor de la mañana en Puyehue me hace vivir, y no lo cambiaría por nada del mundo.
Hasta te conocí.
Y me di cuenta que no era la única persona que volaba con el clamor de las aves al amanecer o el silbido que hace el viento cuando roza el pasto al atardecer.
Ya había olvidado todas esas sensaciones.
Hasta que te conocí.
Hiciste que volviera a la vida.
A la vida que realmente vale la pena vivir.
La vida cerca de la tierra.
La vida lejos de la gente, de la maldad.
La vida cerca de ti.”
Sí, lo sé. Patético. Ahora lo leo y la vergüenza que me da es insuperable.
¿Alguna vez se han sentido así?
¿O soy sólo yo, con mis cosas raras de nuevo?
Se los dejo, ríanse un rato, yo invito.
Y fue lo peor que pudo haberme pasado para mi tierno sueño de ser escritora.
No podía dejar de escribir disparates y estupideces.
Cada noche me acostaba con los dedos ansiosos por garabatear algo romántico, alguna carta para dejarle en su chaqueta de montar, o una declaración de amor al más puro estilo Sin Bandera, y me harté de sentirme tan cursi.
Fue como una revelación.
Estaba en mi pieza, escuchando seguramente algo así como “Día De Enero”, de Shakira, cuando desperté del ensimismamiento de un golpe, y me vi frente a mi buen amigo Microsoft Word escribiendo cosas como, and I enclose:
“Yo soy así.
Un poco solitaria a veces, sólo a veces.
Me gusta mirar desde lejos las montañas, el mar, el agua.
Me acerca a mi infancia.
El olor a pasto recién cortado me trae recuerdos de tiempos pasados...
Y me acerca a la tierra... a MI tierra.
Sí.
Mi tierra.
El olor de la mañana en Puyehue me hace vivir, y no lo cambiaría por nada del mundo.
Hasta te conocí.
Y me di cuenta que no era la única persona que volaba con el clamor de las aves al amanecer o el silbido que hace el viento cuando roza el pasto al atardecer.
Ya había olvidado todas esas sensaciones.
Hasta que te conocí.
Hiciste que volviera a la vida.
A la vida que realmente vale la pena vivir.
La vida cerca de la tierra.
La vida lejos de la gente, de la maldad.
La vida cerca de ti.”
Sí, lo sé. Patético. Ahora lo leo y la vergüenza que me da es insuperable.
¿Alguna vez se han sentido así?
¿O soy sólo yo, con mis cosas raras de nuevo?
Se los dejo, ríanse un rato, yo invito.
